:: TIENDA :: :: EDITORIAL :: :: BLOG :: 

jueves, 4 de agosto de 2011

Hijos del Lobo: Haití IV

Leonora Fealefel: Cábala de Morfeo

Aspecto en el Mundo de la LuzAspecto en el Mundo Oscuro


Nota: Una vez más, tal como prometí, los dibujos que acompañan el relato son de José Cueva. Nuevamente no quiere decir que sean dibujos oficiales de la nueva edición de Reflejo, aún así espero que os gusten. Si queréis darle vuestra opinión podéis contactar con él via mail: "pepcova@hotmail.es".



Stormlovick también era un asesino, pero trabajaba para la Hermandad de la Sangre. Al contrario que Jeremiah, Stormlovick disfrutaba con su trabajo, con el dolor que causaba a las personas y con la muerte de los inocentes, cuantos más mejor.

Para Leonora todo aquello parecía la típica escena de las viejas series de la televisión, en las que el malo tenía agarrada a la chica y los buenos no sabían qué hacer. En ese preciso momento podía escuchar la voz en off del narrador diciendo: “¿Salvarán nuestros héroes a su pequeña amiga? Véanlo en el próximo episodio…”.

El problema era que esto era la realidad y que no habría resúmenes de episodios anteriores ni aparecería un personaje sorpresa para rescatar a nadie. Tampoco ayudaba mucho que el “malo” del capítulo de hoy fuera la pesadilla del sueño americano, ese bastardo al que algunos llamaban Stormlovick. Leonora simplemente le llamaba “el enemigo final de fase” en las muchas ocasiones en que se habían cruzado en su camino (y de las que no siempre habían salido vencedores).

Ahora los fornidos brazos del ruso rodeaban su pecho mientras ella sólo podía sentir la presión de la fuerza de su adversario y ese fétido y cálido aliento en su nuca. Un sudor gélido recorría la espalda de la chica a cada palabra que Stormlovick pronunciaba, e incluso notaba cómo una parte del asesino situada a media cintura también se “alegraba” de estrechar el cuerpo de una jovencita como ella. Su única esperanza ahora era la fe en sus extraños compañeros de viaje: Ariadna y el atractivo Luis, pero en especial Jeremiah. Aunque si algo había aprendido era que ni en este mundo ni en el otro puedes dar el cien por cien de tu confianza a una sola persona. Además, ya comenzaba a estar algo harta de sentirse la niña indefensa a la que todo el mundo debía proteger.

Al otro lado de la sala Ariadna contemplaba la escena. No había perdido su compostura ni un momento. Se había criado preparada para todo tipo de sorpresas.

—Jota, ¿conoces a esa “belleza”? —Sus labios se curvaron en una sonrisa irónica—. Eh, “guapo”, ¿por qué no dejas a la bambina y vienes a por una mujer? ¿O acaso te asustan las mujeres? —Miró a Jeremiah y a Luis, esperando un gesto de estos antes de lanzarse en pos de Leonora.
—Es un antiguo amigo, por llamarle de alguna manera. En el pasado hemos coincidido alguna que otra vez. Es peligroso, muy peligroso —dijo Jeremiah.

Luis, por su parte, empezaba a ponerse tenso. Su dedo ya empezaba a apretar el gatillo del arma que apuntaba hacia la cabeza de aquel ser que apresaba a su compañera. Sabía que a esa distancia no fallaría, pero ¿cómo podía estar seguro? Jeremiah decía que era peligroso, y eso le hacía dudar.

“Mierda, ¿de dónde ha salido este cabrón?”,pensó Luis al observar cómo Stormlovick agarraba a Leonora. Las cosas empezaban a ponerse feas, había que reaccionar rápido.

La niña comprendió lo que estaba pasando. Ésta era su ocasión para demostrar su valía. Los poderes de Leonora estaban ligeramente mermados y, dada la situación, era incapaz de concentrarse en algo que no fuera zafarse de la fuerte presa de su captor. Miró con ojos cómplices a Jeremiah, como esperando una señal, pero ella no podía esperar más. Además, no debía poner a sus compañeros en peligro. Si alguien debía sacrificarse, sería ella. Dirigiéndose a los demás, habló en voz alta:

—Tranquilos, me han achuchado peores tipos que éste, venid arriba y dadle una paliza, no me hará daño...

Sabía que esas palabras podrían provocar la ira del ex miembro del servicio secreto ruso, pero tenía que jugársela si quería que aquello terminara bien. Sigilosamente, cogió uno de sus colgantes más puntiagudos y decidió que se lo clavaría en un ojo con un rápido movimiento. Sólo esperaba que fuera lo bastante rápido como para no empeorar las cosas. Leonora rezaba para que sus compañeros la salvaran a tiempo. .

El capítulo estaba a punto de comenzar en aquella cueva mientras que la voz en off parecía querer decir: “¿Cómo solucionarán nuestros héroes la situación?”.

Luis comprendió qué era lo que pretendía hacer su pequeña compañera. Su mano se iba acercando poco a poco a uno de sus colgantes. Tenía que darle tiempo para llevar a cabo su plan.

—Ya has oído a la chica, cara croqueta, será mejor que no hagas ninguna tontería. Si tu cerebro no está tan estropeado como tu cara, serás lo suficientemente inteligente como para saber que no tienes posibilidad de salir bien parado de esta. Enfréntate a mí si te atreves. —Luis esbozó una sonrisa para dar más credibilidad a sus palabras, aunque realmente no estaba nada seguro de que la cosa fuese a salir bien.
—Por supuesto, cuando quieras me enfrentaré a ti. Pero estás de suerte, pues hoy no serás tú quien morirá. ¿Verdad preciosa?

La situación era complicada. Leonora intentaba forcejear para liberar uno de sus brazos de la presa de Stormlovick, pero el asesino era fuerte.
Podía sentir el pútrido aliento de aquel asqueroso ser de piel quemada en su nuca.

—Tranquila, pequeña, si intentas escaparte sólo quedará dolor. —Para demostrar lo que acababa de decir retorció el brazo de Leonora, que soltó un grito de puro dolor mientras su captor sonreía.

Ariadna avanzaba, poco a poco, con cautela, sabiendo que en cualquier momento aquel asesino podría acabar con la niña. Debían actuar con mucha cautela.
Stormlovick pasó su lengua por el rostro de Leonora causando que ésta sintiera asco por aquel ya de por sí repugnante ser.

—Mmmmm, el sabor de la juventud. ¿Sabes cuántas niñas como tú han acabado entre mis brazos? Las he hecho gritar de placer al tiempo que suplicaban para que acabara de una vez con sus vidas. Dolor y placer al mismo tiempo, una sensación única en el mundo que estoy seguro de que a tu amiga hedonista le gustaría conocer alguna vez. Por cierto, chica —dijo mirando a Ariadna—, si das un paso más le rompo el cuello.

Ariadna se detuvo al pie de las escaleras sabiendo que aquella amenaza era auténtica.
Justo en aquel momento las sombras que había junto al ruso parecieron tomar forma. Sólo aparecía cuando se lo necesitaba. Más allá de las supersticiones que rodeaban a su persona, como las mismas sombras que lo amparaban, Nilstar Zorah parecía ajustarse bastante a ese arquetipo de “causalidad dentro de la casualidad”.

Quizás nadie de entre ese variopinto grupo que el destino uniera habría apostado por que Nilstar fuera a inclinar la balanza de la Dama Fortuna en uno u otro sentido; si no más bien, que se mantendría al margen como un observador imparcial e implacable con los resultados.
Sin embargo, el destino hizo las elecciones por todos. Quiso la Casualidad, el Azar o el mero humor de desconocidos dioses, que la aparición de Nilstar en tan peliaguda situación fuera tras del renombrado Stormlovick. Fuera quién o qué lo que había aparecido a su espalda, podía significar la mayor amenaza, que quizás el resto pretendiera ocultar con sus provocaciones.

—Vaya, el devenir de los acontecimientos puede convertir al cazador en presa.

Un mero comentario en el lugar indicado. Daba igual por quién fuera lanzado desde las aceradas sombras de su capucha. Deseado o no, había intervenido. Y ante ese nuevo foco de amenaza, Stormlovick, o al menos eso era lo que esperaba el hermético, sólo podía responder instintivamente y volverse a la posible amenaza situada tras de sí.

Stormlovick se sorprendió por un momento y apretó el cuello de la niña, que crujió provocándole un fuerte dolor. Podía verse como Leonora sufría, un dolor al que no estaba acostumbrada y que ninguna niña de su edad debería haber sentido jamás. Pero aquello era el Mundo Oscuro y en aquel mundo sólo existía el dolor. El asesino de la Hermandad de la Sangre conocía demasiado bien al grupo como para caer en la trampa.

—Así que tú eres el hermético, había oído hablar de tu unión al grupo. Os conozco muy bien y sé que no harás nada. Tu deber es observar sin actuar, realmente patético, digno de un ser débil y despreciable. Además, no te arriesgarás a que le haga daño a la niña.
Jeremiah pareció perder los estribos. El asesino, que siempre se mostraba calmado, parecía haber llegado al límite.

—¡Suéltala maldito! No me hagas subir allí —le dijo mientras separaba a Ariadna de él—. Eres un cobarde al presentarte así, cubriéndote con una mujer indefensa, ¡en lugar de enfrentarte a mí como debería hacer un hombre!

Las carcajadas del ruso resonaron en la sala.

—¿Cobarde? Digamos que lo que no soy es estúpido. Te conozco demasiado bien y sé que eres peligroso. ¿O acaso no recuerdas lo que me hiciste la primera vez que nos conocimos? Pero tranquilo, esta vez sólo he venido a traerte un mensaje, tu muerte deberá esperar aunque no así tu dolor. Disfrutaré viéndote padecer por el sufrimiento que voy a causar a los que te rodean. .
Stormlovick mostró un anillo que tenía en la mano. Se trataba de un anillo con forma de serpiente, dorada de ojos rojizos que mostraba sus colmillos. Con un gesto rápido, Stormlovick hizo un corte en el brazo de la niña con el anillo.

—Te explicaré, querido amigo, lo que acaba de suceder. Le acabo de administrar un lento veneno a esta preciosa niña. —Stormlovick acarició con su mano enfundada en cuero el rostro de su prisionera—. Si quieres conseguir el antídoto, dentro de tres días deberás ir solo al templo de Kithokithan del Mundo Oscuro. Te lo repito, debes ir solo o no conseguirás el antídoto. Ese día tendremos un encuentro tú y yo. Un encuentro que no ganarás.

Dicho esto, el cuerpo de Stormlovick empezó a retorcerse. Sus brazos crecieron de tamaño y en ellos aparecieron poderosas y afiladas garras que semejaban estar hechas de oscuro acero. De su frente surgieron dos grandes cuernos, mientras que su piel se fue tornando rojiza a la vez que recuperaba un aspecto liso y firme, pero, en cierta manera, metálico. En su espalda surgieron dos poderosas alas quitinosas que se desplegaron mientras el monstruoso ser de aspecto demoníaco lanzaba un aullido que ensordeció a los presentes. El ser alzó la niña como si fuera una vulgar muñeca y la lanzó contra las tres personas que estaban al fondo del templo.
Con gran rapidez, Ariadna, Luis y Jeremiah consiguieron recogerla, sufriendo sólo un ligero impacto que pronto podría olvidarse. La criatura alzó el vuelo y aprovechó el momento para atravesar el techo de piedra del templo, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

—Recuerda, asesino. Tres días.

4 comentarios:

dormin dijo...

Me gusta el toque Burtonesco.

Jordi Martín (Beorn) dijo...

La verdad es que un poco sí lo tiene :D No queriamos caer en el tópico de la niña gótica si no que queriamos darle un toque un poco más macabro. El Mundo de la Luz ya está lleno de góticas, el Mundo Oscuro debe tener un punto más allá. Le transmito a Pepe, el dibujante, tu comentario :D

dormin dijo...

Sin embargo, no me gusta nada su cara en el mundo de la Luz.... con esa sonrisa parece la hija del Joker, da incluso más miedo :)

Jordi Martín (Beorn) dijo...

Jajajaja, ¿Sabes que no eres el único que piensa eso? :D Dicen que con esa cara y aspecto algo malo esconde jajajaj :D