
Al igual que muchos de sus hermanos durante el tiempo de la locura, Norman fue uno más entre las filas de los Hijos Salvajes que asediaban las ciudades del sur de América. Su nombre real quedó relegado al olvido en el mismo momento en el que su corazón se llenó de la ira que nubló su mente apartando la humanidad que pudiera haber en él.
Siempre en la avanzada, su figura bestial era temida tanto por enemigos como por hermanos. Allí donde él se encontraba la matanza estaba asegurada. En el clamor de la batalla rara vez distinguía entre uno y otro bando. Muchos ciclos pasaron y, aún en tiempo de paz, Norman seguía generando el caos y la destrucción allí donde encontraba civilización.
Varios grupos de Biocazadores, al alto coste de un elevado número de bajas, fueron necesarios para atrapar al “Lobo Negro”, sobrenombre que se había ganado durante la Gran Guerra debido al aspecto lupino del Hijo de Gro y al color de su pelaje.
Fue recluido en una reserva junto con otros Hijos Salvajes pero pronto tuvieron que aislarlo ya que, uno a uno, estaba acabando con la vida de todos ellos. No pusieron demasiadas pegas para entregarles el peligroso Hijo Salvaje a los Dadores de Vida. Las únicas opciones que le quedaban a los Biocazadores eran acabar con él o entregárselo a ellos así que decidieron hacer esto último. Durante años fue fruto de los estudios, pruebas y experimentos de los Dadores de Vida hasta que, misteriosamente, logró escapar y nunca más se supo de él en el Mundo de la Oscuridad.
Hace aproximadamente cinco años Alan Ashford, un viejo guardabosques canadiense, se encontraba haciendo su ronda matutina por el bosque que vigilaba cuando se encontró a un joven, de no más de veinte años, desnudo y con una pierna atrapada en un cepo que debía haber puesto algún cazador furtivo. Alan lo liberó y lo llevó a su cabaña pues el médico más cercano se encontraba a muchos kilómetros de su situación. Aunque la herida era muy grave, y tras los cuidados oportunos, el joven tardó pocos días en mejorar.
Cuando el joven recuperó la consciencia se encontraba aturdido, confuso y muy nervioso. La presencia de la hija adoptiva de Alan de seis años de edad, Helen, ayudo en gran medida a tranquilizarle. El guardabosques pudo comprobar que aquel chico mostraba un alto grado de amnesia y que ni siquiera era capaz de comunicarse con palabras y parecía que todo era nuevo para él, como si se tratase de un niño de pocos años de edad.
Pasaron los años y Alan adoptó al chico, al que dio el nombre de Norman, y le enseñaron a hablar y leer aunque en rara ocasión se dirigía a alguien que no fuera Alan y Helen. Era un joven muy tranquilo y reservado, algunos amigos de Alan se atrevieron a decirle que su “nuevo hijo” era autista.
Era invierno y, como todos los años, el hogar de Alan quedaba incomunicado en aquella estación. Un grupo de cazadores furtivos, que la tenían tomada con el guardabosques, fue a hacerles una “visita”. Golpearon a Norman con la culata de un rifle para dejarlo inconsciente y, para cuando recuperó la consciencia, habían matado a Alan y se encontraban a punto de violar a Helen.
La ira y el odio, que habían sido sus más fieles compañeras en el Mundo Oscuro, volvieron a encontrarse con él despertando de nuevo al Hijo Salvaje que dormía en su corazón.
El cuerpo de Norman cambió en cuestión de segundos. Su masa muscular aumentó en gran medida, pelaje negro surgió por todo su cuerpo cubriendo gran parte de su piel y sus facciones humanas adoptaron rasgos lupinos.
Con sus manos, ahora garras, acabó con los cinco cazadores y también hubiera matado a Helen si la niña, en lugar de asustarse y huir, no se hubiera abrazado a él. Al hacerlo un gran sentimiento de paz apaciguó a la bestia interior de Norman y volvió a ser el joven que la niña de once años consideraba su hermano mayor.
Desde entonces Norman y Helen han viajado por el norte de América. Muchos son los hijos de Haia y Gro que se han cruzado en su camino y han tenido el mismo sentimiento de paz que Norman al encontrarse con la pequeña. Unos pocos han decidido dejar atrás sus vidas para acompañar en su viaje a la extraña pareja. Algunos de ellos, incluso, han llegado a llamarles Haia y Gro. Este hecho ha conseguido que ojos curiosos y de seres oscuros sigan sus pasos.
Nota del autor: Acompañando este cuento podéis ver un nuevo trabajo de JC. Sigo recordando que no tiene por qué ser el estilo final de Reflejo pero que es un buen trabajo para acompañar estas historias que ayudarán a conocer más la ambientación del juego. No dudéis en dejar vuestros comentarios. Ambos os lo agradeceremos. Podéis ver más trabajos de JC
aquíFlora y faunaHacía tiempo que vagaban de pueblo en pueblo sin un rumbo predestinado. Se alojaban en lugares deshabitados y callejones inmundos siempre que estos les ofrecieran una mínima protección. Habían aprendido por las malas que debían evitar los lugares dónde fuese fácil encontrarles.
Norman se quitó su raída chaqueta tejana y cubrió con ella a la adolescente dejando que la helada noche hiciera mella en su propio cuerpo.
El callejón apestaba a comida podrida. Aún así estaba seguro que si rebuscaba entre la basura encontraría alguna cosa útil para que al menos Helen pudiera combatir la hambruna. Le debía su vida a la niña y estaba predispuesto a entregar la suya a cambio de protegerla.
Entre ellos no eran necesarias las palabras. Desde que murió Alan la niña no había vuelto a hablar y su relación se basaba en algo puramente instintivo donde el tacto, la vista y el olfato se habían convertido en los sentidos primordiales. Después de todo quizás si se parecía más a los animales que a los seres humanos. Aún así, no necesitaba más.
El cuerpo de Norman se puso a la defensiva sin que su mente hubiese captado aún aquello que los amenazaba. Puso tras de sí a Helen para protegerla y agudizó sus sentidos buscando la fuente del peligro.
Poco a poco su olfato delató que en aquel oscuro callejón había alguien más. El olor a basura fue disminuyendo paulatinamente a medida que era substituido por un perfume refrescante a la vez que salvaje. Sus fosas nasales quedaron inundadas por aquel olor quedando totalmente inutilizadas para captar cualquier otro tipo de efluvio. Aquello sólo podía significar una cosa. Le habían encontrado de nuevo.
El sonido de unos pasos pausados, producidos seguramente por unos zapatos femeninos, se acercó a su posición. Una mujer peliroja, esbelta, de gran hermosura, vestida de forma impecable con una falda blanca y una camisa a juego, se detuvo a escasos metros de la pareja. La luz tintineante de una vieja farola la iluminaba de forma intermitente permitiendo que Norman contemplara unos ojos de un verde intenso y una sonrisa sensual que dejaba entrever unos dientes perlados.
-¿Cuántos años han pasado desde la última vez que nos vimos hermano? - la voz de la mujer recordaba el ruido del agua de un riachuelo que discurre alegremente por la verde campiña.
Norman dejó escapar un sonido gutural desde lo más profundo de su garganta a la vez que se preparaba para lanzarse contra la mujer en caso que fuera necesario.
-Creí que habías conseguido controlarlo. Cálmate hermano, no he venido por ti, si no por la niña. No sé para qué la quieren ni me interesa. Así que apártate y no tendré que hacerte daño.
El cuerpo de Norman continuaba en tensión a medida que la mujer hablaba. Sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro estudiando el terreno para tomar ventaja en la batalla o para encontrar una ruta de escape con tal de poner a Helen a salvo.
-Flora déjanos en paz o tendré que matarte.
Recordaba a aquella mujer de su infancia. Tan salvaje como él le había perdido el rastro cuando se dejó llevar por su parte animal. Era una excelente cazadora, incluso mejor que él. Realmente iba a ser una dura lucha si Helen se encontraba cerca. No podía dejar que ella tomara la iniciativa.
Norman se lanzó contra la mujer mientras se concentraba para manifestar en aquel mundo su verdadera esencia. Sus brazos se extendieron a medida que una capa de pelo los cubría y unas afiladas
garras aparecían al final de sus huesudos y delgados dedos. Lanzo un zarpazo directamente hacia el cuello de la mujer. Si quería acabar con ella debía ser rápido. La mujer era una luchadora nata y se
apartó ágilmente. Aún así no fue lo suficientemente rápida. De su cuello empezó a manar un fino hilo de sangre.
Sobraban las palabras. La mujer se echó hacia atrás y concentró su energía para traer al Mundo de la Luz los poderes que los Padres le habían conferido. Su piel se tornó verdosa y decena de espinas surgieron por doquier de su cuerpo. De su mano, como si de una liana se tratara, surgió un látigo recubierto de aquellas mismas mortales espinas. Lo chasqueó a un lado e invitó al lobo a que se acercara de nuevo.
-¡Helen, huye!
Norman siguió concentrándose para completar la transformación. Su cabeza se deformaba, su boca se abría hasta proporciones inhumanas y sus dientes se afilaron hasta darle el aspecto de un salvaje lobo. Se lanzó hacia la mujer mientras ésta alzaba su látigo amenazadoramente. El lobo fintó en el último momento y el látigo espinado chasqueó salvajemente en el lugar donde se había encontrado un momento antes. Apoyó ambos pies en el suelo para aprovechar el impulso y se abalanzó contra la mujer, pero ésta era rápida y esquivó con facilidad aquel ataque retirándose hasta un lugar alejado.
-Maldita sea Norman. No tenía por qué matarte. Pero no me dejas otra opción.
Flora apoyó las manos en el suelo y todo a su alrededor empezó a temblar. El suelo se agrietó y de él empezaron a surgir plantas que crecían a una velocidad vertiginosa destruyendo cuánto se encontraban a su alrededor. No tardaron en empezar a caer los primeros cascotes de los edificios cercanos mientras las plantas iban abriéndose paso a través de las paredes de piedra como si éstas estuviesen hechas de débil mantequilla.
Helen gritó cuando a su alrededor cayeron las primeras piedras. Norman saltó hacia la adolescente y la cubrió con su cuerpo. Los edificios que conformaban el callejón empezaron a derrumbarse y los
cascotes fueron golpeando uno a uno el cuerpo de Norman acabando rápidamente con sus fuerzas.
El callejón estaba completamente destruido y dónde antes había edificios y suciedad ahora sólo había plantas y piedras. La luna llena brillaba a través de las nubes de polvo que se habían formado
por el derrumbe. Algo gruñía bajo los cascotes y tras unos breves instantes el cuerpo del hombre lobo se alzó sanrante apartando las piedras que le cubrían. Bajo él la niña temblaba asustada.
Flora había dejado atrás su aspecto humano. Su pelo se había transformado en pequeñas lianas cubiertas de flores rojas. El perfume que desprendía ahora era mucho más evidente y lo que antes había sido una delicada piel ahora se había convertido en algo semejante a la corteza e un árbol. Tiró de Helen hacia sí, el lobo no pudo resisitrse. La mujer abrazó a la niña que no paraba de temblar con aquellos brazos escuálidos y espinados. .
-No podías hacer nada contra mi Norman. Soy más poderosa que tú.
El lobo aulló de pura rabia. No esperaba que la mujer se atreviese a invocar a la selva en aquel lugar. La destrucción debía haber acabado con la vida de cualquier persona que se encontrase en los edificios.
Había quedado muy herido, pero aquel mismo ataque le había dado la portunidad de recuperar nuevas fuerzas. Los Hijos podían restaurar sus cuerpos cuando estaban en contacto con los Padres y la aparición de quellas plantas salvajes le permitió empezar a restaurar su vitalidad ápidamente.
Flora contempló a Norman y sonrió.
-Conozco esos mismos trucos Norman, los he usado cientos de veces al gual que tú y no te será tan fácil.
Sin dejar de agarrar a la niña la mujer se concentró una vez más. A su lado empezó a surgir un nuevo brote que poco a poco fue tomando la misma forma de la mujer.
-A penas puedes luchar contra una, ¿podrás luchar contra dos?
La mujer hizo un gesto de dolor. Algo no iba bien. A su alrededor surgieron nuevos brotes que tomaron también la forma de la mujer. Dos, tres…. Finalmente cinco mujeres idénticas se encontraron
en el lugar. Flora alzó sus manos y sujetó su cabeza como si un dolor intenso se hubiera apoderado de su mente. Norman no dudó ni un momento y aprovechó aquella oportunidad que se le había conferido. Flexionó sus poderosas piernas y salió disparado para agarrar a Helen mientras derribaba a la mujer. Sin mirar atrás Norman salió corriendo alejándose de aquel lugar de muerte y destrucción.
Pasaron los minutos y Flora se levantó del suelo. Al perder la consciencia había recuperado su aspecto humano. Miró a su alrededor y vio que aquellas cuatro mujeres idénticas a ella seguían allí. ¿Por
qué no habían desaparecido?
-Maldita sea, ¿por qué no le habéis detenido? ¿Y por qué seguís aquí si deberíais haber vuelto a la tierra?
Una de las mujeres contempló a la Flora original y alzó las uñas para contemplárselas.
-¿Querías que me estropeara las uñas en una lucha sin sentido? Además no puedes darme ya órdenes. No soy tú. Puedes llamarme Lilium si quieres.
Flora no podía creer lo que estaba ocurriendo. Únicamente podía conjurarse un único clon y nunca tenían personalidad propia. Siempre obedecían las órdenes de su creador. Allí habían aparecido cuatro
clones más suyos. Y uno de ellos se acababa de rebelar.
-Y vosotras. ¿También sois diferentes? – se dirigió al resto de mujeres.
-A mi puedes llamarme Rosa. Y te aseguro que yo habría hecho otras cosas más interesantes que intentarle matar. Mmmm os habéis fijado qué cuerpo tenía.
-Mi nombre es Protea. Pero no te preocupes. Cogeremos a la niña y haremos un festín con las entrañas de ese lobo. Ahora somos cinco contra uno.
-Lo mejor será no intentar razonar con él. Ese ha sido tu error hermana. Atacaremos cuando esté desprevenido. Deja de intentar ser buena. Él ya no es tu hermano. Ahora nosotros somos tu familia. Por cierto, mi nombre es Tamarisco.
Lejos de allí Norman abrazaba a la niña. Tenía los ojos abiertos, totalmente en blanco. Su cuerpo desprendía un calor increíble y en él habían aparecido extrañas marcas semejantes a tatuajes. ¿Qué demonios había pasado allí? ¿Quién era Helen en realidad y para qué la querían?