| Jeremiah Jameson. Cábala de la Corporación | |
| Aspecto en el Mundo de la Luz | Aspecto en el Mundo Oscuro |
Haití
La noche había invadido las calles de Haití y la gente empezaba a retirarse a sus hogares o a lugares donde tenían lugar sucesos mucho más oscuros.
Jeremiah avanzaba con paso firme fumando un cigarrillo mientras contemplaba el motel al que se dirigía. Al lado de la puerta, un perro pulgoso pero en buen estado, devoraba distraídamente una pata de pollo que sin lugar a dudas le acabaría matando si se le clavaba algún fragmento de aquellos huesos tan frágiles.
El asesino pensaba silenciosamente en su propia vida: “Siempre he pensado que las cosas no son blancas ni negras sino de un turbio color gris.”
El interior del motel estaba en buen estado, quizás no era el barrio más lujoso de la ciudad pero los clientes que iban tenían dinero para pagar los servicios que allí podían conseguirse y siempre era necesario dar una buena imagen.
Jeremiah volvió a perderse momentáneamente en su mente. A pesar de no ser un gran conversador le gustaba divagar para evitar que la adrenalina se apoderase de su cuerpo: “La vida de un asesino no es fácil. Más aún cuando debes tomar tus propias decisiones y tus éstas pueden afectar el destino de más de un mundo.”
Había llegado a su destino. Delante suyo una sencilla puerta de madera indicaba que se encontraba ante la habitación 201, en su interior se podían escuchar los jadeos incesantes de aquellos que se dejaban arrastrar por la pasión, una pasión fingida en la mayoría de los casos provocada por un puñado de dinero que iría destinado en el mejor de los casos a alguna de las pequeñas mafias locales. Jeremiah se arregló el traje con cierta meticulosidad. Un asesino debe dar una buena imagen de sí mismo. Cualquiera podía volverse loco y matar al primero que pasaba por delante, pero una persona bien vestida, de mirada fría, causaba mayor temor pues en todo momento sabía lo que estaba haciendo. Un loco no.
Le pegó una patada a la puerta que se abrió al mismo tiempo que perdía parte de la madera de mala calidad con la que estaba hecha. En el interior de la habitación una pareja estaba haciendo el amor o al menos lo que se hace cuando un hombre paga a una mujer para satisfacer sus más bajos instintos. La mujer era extremadamente delgada, su rostro podría decirse que era casi cadavérico y por extraño que pareciese era el vivo retrato de la sacerdotisa que habían visto en el Mundo de la Oscuridad, lo que era todavía más extraño ya que los cuerpos de la misma persona en el reflejo de los dos mundos tendían a ser muy diferentes. El hombre se quedó petrificado mientras Jeremiah apuntaba con su pistola:
-¡Cristo bendito! ¿Le envía mi mujer verdad? No me mate -suplicaba el hombre - Le pagaré. ¿Cuánto quiere? Tengo dinero de verdad.
-Tú no vales nada. Quien me interesa es ella.
El hombre se apartó rápidamente de la mujer. Qué rápido se aprendía a ver el poco valor de la vida de los demás cuando estaba en juego la de uno mismo. Aún así aquel despreciable ser que iba a dejar que la mujer muriese para salvarse él dejo tras de sí una mancha que delataba su cobardía y que recorría sus piernas hasta llegar a la maltrecha cama.
El disparo retumbó en la habitación y los sesos de la prostituta pasaron a formar parte de la decoración de la habitación. El hombre perdió el conocimiento mientras un ahogado grito se escapaba de su temblorosa boca:
-Quizás no lo comprendas pero tu muerte es necesaria para liberar el otro mundo. El mal menor para un bien mayor. Una excusa válida como cualquier otra.
El asesino limpió el cañón del arma con un blanco pañuelo y volvió a enfundarla mientras contemplaba su traje para asegurarse que ningún trozo de lo que había sido la cabeza de la mujer le hubiese salpicado. A continuación abandonó la habitación con paso tranquilo dejando atrás aquella escena no tan extraña en la noche de Haití.
Jeremiah tomó otro de sus cigarrillos y lo prendió mientras volvía a perderse en sus pensamientos. El asesino cruzó la puerta del motel mientras la realidad cambiaba a su alrededor. Vio una vez más aquellos incesantes ojos violetas que observaban a todos aquellos que cruzaban el reflejo. Siempre que lo hacía pensaba que aquella sería su última vez, que los guardianes no le dejarían pasar y le dejarían atrapado para siempre en el Nexo. Los guardianes, aquellos seres supuestamente todopoderosos que controlaban a los viajeros y mantenían la estructura de la realidad. Nadie sabía su origen, ni cuáles eran sus verdaderos objetivos, pero todo el mundo los respetaba.
Las calles de Haití habían cambiado, al lado de la puerta un perro en estado decrépito y claramente enfermo roía los restos de lo que pudo haber sido un brazo humano, sin duda el reflejo oscuro del perro que había visto en el hotel del mundo de la luz. El edificio que había dejado atrás estaba prácticamente en ruinas y las calles estaban totalmente desiertas. Aquel era el Haití del mundo oscuro, era el territorio de la Hermandad de la Sangre.
4 comentarios:
Gran pieza de ambientación. Como de costumbre, te animo a que sigas adelante porque la futura edición de Reflejo tiene asegurado un espacio en mi ludoteca.
Muchísimas gracias. Espero que estos capítulos sobre los Hijos del Lobo y sus antagonistas vayan mostrando la ambientación del juego de una forma adecuada.
En esta ocasión, además, estoy muy contento con el gran trabajo de Pepe que ha diseñado a los dos Jeremiah a la perfección :)
¿Que decir?Ya lo hice en su momento. Genial ^^. Me encantó, me encanta y me encantará.
Sigue así.
Atte.
JJ
XDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Muchísimas gracias por tu apoyo. Espero finalizar pronto la mudanza de piso que estoy haciendo para recuperar internet de forma continua y poder publicar más material de Reflejo :)
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