miércoles 23 de diciembre de 2009

La mecánica del cambio

Una de las primeras cosas que un maestro enseña a los alumnos Sinreflejo es que gracias a su voluntad son capaces de dominar la forma, el estado y el material de un objeto cuando pasan de un mundo a otro. Es lo que se conoce como la Fuerza de la Voluntad.

Lo siguiente que les enseñan es que el reflejo tiende a nivelarse, y que aquello que es cambiado debe ser compensado. Grandes fuerzas se liberan para conseguir nivelar la balanza y el reflejo, la suave capa que separa una realidad de la otra, no salga dañada. Pero los Sinreflejo son capaces de dominar y apaciguar esas fuerzas, eso sí, arriesgando su salud e incluso su vida. Cuanto mayor es el cambio, más se inclina la balanza, más fuerza se liberan en pro de la equidad y más difíciles son de controlar por los Sinreflejo y más en peligro ponen sus vidas. Por eso los maestros aconsejan utilizar la fuerza de la Voluntad sólo en casos realmente necesarios y no por divertimento. Son muchos los Sinreflejo que se creyeron capaces de dominar las fuerzas y acabaron destrozados por ellas.

La Cábala Hermética defiende que son los llamados Guardianes del Nexo los que envían estas fuerzas para castigar a aquellos que rompen las leyes del Nexo, las leyes del Reflejo. Los Herméticos ilustran estas normas con la historia de Guillermus, un orgulloso miembro de la Cábala que acabó desafiando a los Guardianes.

"Cuentan nuestros antiguos, que leyeron entre los pergaminos más viejos, que una vez vivió en la Ciudad de las Mil Puertas Guillermus, el más sabio y orgulloso de los nuestros. Guillermus raramente abandonaba su estancia y dedicaba sus horas al continuo estudio. Un día, el primero y más viejo de nuestra orden le mandó llamar y le pidió que fuera a la Tierra Oscura en busca de un raro libro. Guillermus, diligentemente se prestó a marchar. Más, por su poca costumbre a viajar olvidó su bastón, y el olvido le vino en mente justamente cuando inició el pase. A llegar a Tierra Oscura, su diario, del cual nunca se alejaba se había transformado en un bastón idéntico al suyo. Estando aún sorprendido por lo sucedido, recibió la visita de un Guardián, que así le dijo:

-Vigilad seres mortales que os hacéis llamar hombres. Vigilad porque no se os está permitido alterar aquello que debe mantenerse inalterado. No quebréis las Leyes del Nexo, no hagáis enfadar a los Guardianes eternos.

-Pero no podemos ofenderos si no conocemos las leyes de las que hablas, Guardián de los Nexos.- respondió Guillermus.

-Pues presta atención humano, porque es la primera y última vez que se alerta a tu raza:

De entre los pecados de romper el equilibrio, el menor es el del color, ya que no toda la creación es capaz de apreciarlos. El siguiente el del tamaño, ya que no rompe la forma de la creación. Después hablamos del material, pues aunque vulnera el designio de la unión mantiene la sagrada llama de la forma. Sin duda después encontramos la forma, cruel ataque a la Grandeza de la Creación, tras el cual nos hallamos ante el pecado del cambio de estado, ya que este es una aberración a la creación y por último la máxima ofensa a la Existencia Pura es el cambio de la complejidad de lo creado, aquel que perfecciona o desbarata la obra suma. Yo, KuawsRTp de los eternos Guardianes del Nexo, te he informado a ti, Guillermus de los mortales humanos.

Y según contó Guillermus, el Guardián desapareció con la última palabra.
Guillermus se sintió insultado por el tono del Guardián y a partir de entonces todo su empeño se dirigió en dominar la voluntad para mutar objetos, para profanar la creación. Guillermus aprendió que no se podía mutar aquello que estaba vivo, y que existían objetos que poseían su propio reflejo y no pueden mutar a los que llamó objetos llave. Guillermus profanó una a una las leyes de la creación, siendo capaz de controlar las fuerzas. Y se preparó para el insulto máximo, de golpe, transgredió todas las leyes, desatando una cantidad jamás vista de fuerza. Guillermus casi sucumbió, pero su voluntad y sobre todo, su orgullo, le mantuvieron con vida. Pero la insolencia no podía ser pasada por alto por los Guardianes, y estos se abalanzaron sobre él. Guillermus desapareció tras un gran estallido.
Desde entonces explicamos esta historia a los nuevos, para que no caigáis en el orgullo y la osadía que consumió a Guillermus, el más sabio y arrogante de los herméticos."